¿Qué tal, queridos amigos?
A lo largo de los últimos meses hemos realizado dos de las pruebas más ambiciosas que hemos hecho hasta la fecha con coches eléctricos. Dos ensayos en los que hemos reunido algunos de los modelos más avanzados del mercado para intentar responder a una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué coche eléctrico consume menos en condiciones reales?
La respuesta, sin embargo, es mucho más compleja de lo que parece.
Si hablamos de un vehículo de gasolina o diésel, medir consumos es relativamente sencillo. Las diferencias existen, por supuesto, pero suelen ser razonablemente consistentes. Con los coches eléctricos ocurre algo distinto. La temperatura exterior, el viento, la climatización, la orografía o incluso el estado de carga de la batería pueden alterar los resultados de forma significativa.
Por eso resulta tan habitual encontrar pruebas en las que un mismo coche parece extraordinariamente eficiente en unas circunstancias y bastante menos brillante en otras.
Y precisamente ahí nació la idea de estos test.
La importancia de comparar en igualdad de condiciones
Cuando un fabricante presenta un coche eléctrico, normalmente lo hace en condiciones muy favorables para la batería. No es casualidad. Las temperaturas templadas son el entorno ideal para maximizar la eficiencia y la autonomía.
El problema es que los usuarios no vivimos permanentemente en esas condiciones ideales.
Por eso decidimos plantear una metodología sencilla, pero exigente. Reunir varios coches el mismo día, recorrer exactamente la misma ruta, mantener velocidades similares, utilizar la misma configuración de climatización y realizar relevos para minimizar cualquier ventaja derivada del tráfico o de la posición dentro del convoy.
En otras palabras: intentar que todos los participantes compitan en igualdad de condiciones.
Además, añadimos un segundo elemento de comprobación. No queríamos depender únicamente de los datos que muestra el ordenador de a bordo de cada vehículo. Por eso cargamos los coches antes y después de la prueba para contrastar los consumos declarados con la energía realmente necesaria para recuperar la carga utilizada.
Del enfrentamiento entre berlinas a la batalla Europa-China
El primer gran test reunió algunos de los eléctricos más eficientes del mercado. Modelos como el Tesla Model 3 Long Range, el Mercedes CLA, el Hyundai Ioniq 6, el Ford Capri o el Mazda 6e sirvieron para establecer una referencia sobre cuál era el estado real de la eficiencia en carretera.
La conclusión fue muy interesante.
Las diferencias entre los mejores eran mínimas. Mucho menores de lo que muchos podrían imaginar. También comprobamos que algunos ordenadores de a bordo eran más optimistas que otros a la hora de reflejar los consumos reales.
Pero el mercado avanza muy deprisa.
Por eso el segundo test tuvo un enfoque diferente. En lugar de centrarnos en berlinas especialmente aerodinámicas, decidimos poner frente a frente a algunos de los SUV eléctricos más avanzados del momento.
Y además incorporamos un ingrediente adicional: la comparación entre fabricantes europeos y chinos.
BMW, Mercedes, XPeng y Zeekr representaban dos formas distintas de entender el coche eléctrico y una oportunidad excelente para comprobar hasta qué punto las marcas chinas están acercándose a los fabricantes tradicionales.
Lo que hemos aprendido
Después de cientos de kilómetros, varios coches cargados hasta el 100%, muchas horas de trabajo y una enorme cantidad de datos recopilados, hay varias conclusiones que parecen bastante claras.
La primera es que la eficiencia sigue siendo uno de los factores más importantes a la hora de valorar un coche eléctrico. Una batería más grande ayuda, pero un vehículo eficiente siempre tendrá ventaja.
La segunda es que los neumáticos, las llantas y la aerodinámica siguen teniendo una influencia enorme. A veces hablamos mucho de potencia o de capacidad de batería y muy poco de elementos que pueden marcar decenas de kilómetros de diferencia en la autonomía real.
La tercera es que los fabricantes chinos han progresado a una velocidad impresionante. Los modelos europeos siguen destacando en muchos apartados, especialmente en refinamiento global y eficiencia, pero la distancia que existía hace unos años es hoy mucho menor.
Y por último, quizá la conclusión más importante para el usuario: los coches eléctricos actuales han alcanzado un nivel de madurez que habría parecido difícil de imaginar hace apenas unos años. Las autonomías reales son cada vez más elevadas, las velocidades de carga continúan mejorando y la tecnología sigue avanzando a gran velocidad.
Seguiremos probando
Estos dos test no pretenden ofrecer una verdad absoluta. Ninguna prueba puede hacerlo.
Lo que sí buscan es acercarse lo máximo posible a una comparación justa, transparente y repetible, algo especialmente complicado cuando hablamos de vehículos eléctricos.
Seguiremos ampliando esta base de datos con nuevos modelos, nuevas rutas y nuevas comparativas, porque creemos que es la mejor forma de entender cómo evoluciona una tecnología que todavía está cambiando a gran velocidad.
Y quién sabe. Quizá dentro de unos años volvamos a leer estas conclusiones y nos parezcan tan lejanas como hoy nos parecen los primeros coches eléctricos modernos.
Hasta la próxima.